LA VIDA Y OBRA DE FERNANDO DAQUILEMA

"En 1871, cuando era presidente García Moreno en Ecuador, llegó al colmo la indignación de los pueblos indígenas por el abuso al que llegaron los opresores a través del cobro de los diezmos. Fernando Daquilema, descendiente de los Duchicelas, encabeza el levantamiento en Cacha (Riobamba), desconociendo el gobierno de blancos y aspirando a formar un nuevo gobierno. En la laguna seca de Capac-cocha fueron convocados a una asamblea con la finalidad de elegir a un jefe para los objetivos que tenían. Se reunieron en la capilla de la Virgen del Rosario y todos eligieron a Daquilema como su jefe. Tocaron la campana y la gente gritó:"Nuncanchi Jatun Apuj" (nuestro gran señor); y, tomado un manto y la corona de San José, le nombraron rey. Posteriormente se enfrentaron a las autoridades que les oprimían, afuerzas del ejército, y a los opresores que vivían en los pueblos.

martes, 31 de enero de 2017

EL GRAN DAQUILEMA
 Tomado del Libro Ecuador Tierra y Hombre de Valerian Goncharov impreso en los talleres Gráficos del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, siendo Presidente Rafael Díaz Icaza, 1979 DAQUILEMA En diciembre de 1971 la opinión progresista del Ecuador conmemoró el centenario de la insurrección de los indígenas en Chimborazo, guiada por Fernando Daquilema. La Federación Ecuatoriana de Indios, la Federación Provincial de Trabajadores del Guayas, la Federación de Trabajadores Agrícolas del Litoral y otras organizaciones de masas de los trabajadores del país, así como el Partido Comunista y la Juventud Comunista del Ecuador enviaron delegaciones a depositar una ofrenda floral al pie del lugar en que falleció el caudillo de la insurrección. Sería infructuosa la búsqueda de algún dato referente a Daquilema en las enciclopedias y en los trabajos sobre la historia del Ecuador. No encontraremos una sola palabra sobre Fernando Daquilema y la insurrección indígena encabezada por él en las investigaciones salidas de la pluma de los científicos burgueses como, por lo demás, tampoco hallaremos nada sobre acontecimientos de este tipo, que dejaron una huella imborrable en la historia del país. La única excepción es el libro del estudioso ecuatoriano Alfredo Costales Samaniego1, editado con una tirada sumamente restringida, y que no llegó a ser patrimonio de la masa de lectores. Los historiadores marxistas ecuatorianos denunciaron de un modo persuasivo la conjuración de silencio en torno de Fernando Daquilema, así como las tentativas de tergiversar los hechos relacionados con !a insurrección. La Editorial "Claridad" publicó en 1971 una interesante investigación de Oswaldo Albornoz 2, quien cita datos sistematizados acerca de numerosas acciones de los indígenas, a partir del período colonial hasta nuestra época, contra la opresión racial, por los derechos humanos, por la tierra y contra la horrible explotación a que están sometidos. Albornoz proporciona también datos sobre la sublevación de Fernando Daquilema. Con motivo del centenario de la sublevación, el semanario El Pueblo, órgano del CC del Partido Comunista del Ecuador, publicó una serie de artículos referentes a este acontecimiento de significación histórica. También en el periódico Tribuna Popular, órgano oficial del Partido de la Unión Democrática Popular, apareció un artículo dedicado a la memoria de Daquilema. Corría el año de 1871. La sangrienta dictadura de García Moreno cometía desenfrenos, encubierta por la Constitución de 1869, denominada por el pueblo "Constitución negra"3. La Constitución estipulaba que sólo los católicos podían ser ciudadanos del Ecuador. El país vivía ajustándose a los cánones del reglamento monástico. Con anterioridad, el presidente García Moreno había firmado con el Vaticano un Concordato, según el cual la Iglesia obtuvo un poder ilimitado en el Ecuador4. Regresaron los jesuitas, expulsados antes del país. Un torrente de monjes, curas y demás servidores del culto irrumpió en el Ecuador, procedente de Europa. Los centros de enseñanza se subordinaron a la Iglesia. El país se convirtió en un Estado teocrático. El fanatismo religioso de García Moreno no tenía límites: rompió las relaciones con Italia, cuando Roma fue declarada capital del Estado italiano, e hizo una ofrenda de 10.000 pesos al Papa, en concepto de "indemnización"5.

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