LA VIDA Y OBRA DE FERNANDO DAQUILEMA

"En 1871, cuando era presidente García Moreno en Ecuador, llegó al colmo la indignación de los pueblos indígenas por el abuso al que llegaron los opresores a través del cobro de los diezmos. Fernando Daquilema, descendiente de los Duchicelas, encabeza el levantamiento en Cacha (Riobamba), desconociendo el gobierno de blancos y aspirando a formar un nuevo gobierno. En la laguna seca de Capac-cocha fueron convocados a una asamblea con la finalidad de elegir a un jefe para los objetivos que tenían. Se reunieron en la capilla de la Virgen del Rosario y todos eligieron a Daquilema como su jefe. Tocaron la campana y la gente gritó:"Nuncanchi Jatun Apuj" (nuestro gran señor); y, tomado un manto y la corona de San José, le nombraron rey. Posteriormente se enfrentaron a las autoridades que les oprimían, afuerzas del ejército, y a los opresores que vivían en los pueblos.

martes, 31 de enero de 2017








El Gran Daquilema, como lo llamaban los indios, había sido arrojado a la cárcel de Riobamba, como si fuera un delincuente común. El 23 de marzo de 1872 comenzó a sesionar el tribunal militar que juzgaba a Daquilema y a Juan Maji, uno de sus ayudantes. El 26 de marzo se dictaminó la pena de muerte al jefe de la insurrección. El 7 de abril fue sacado de la cárcel de Riobamba y llevado a pie por la carretera de La Florida, bajo custodia reforzada, hasta Yaruquíes, donde fue fusilado el 8 de abril junto al muro de la plaza central de su pueblo natal, lugar en que había comenzado la sublevación13. Daquilema marchó hacia el cadalso con la cabeza en alto, como un líder firme y valeroso, que creía profundamente en la justicia de la causa a la que entregaba la vida. En la provincia de Chimborazo el estado de sitio se levanta el 13 de mayo de 1872, es decir, casi un mes después de la ejecución de Daquilema14.
García Moreno se había mancillado con un crimen más. Todos comprendían que Daquilema había defendido la verdad y luchado por la felicidad de sus compatriotas. La represión había sido tan monstruosa, que los adictos a García Moreno trataron de demostrar —falsificando la historia—, que el presidente había indultado al jefe de la insurrección, pero que el documento en cuestión habría llegado a Yaruquíes una vez consumada la ejecución. El texto del "indulto", que figuró más tarde, estaba antedatado a la fecha de la sentencia, firmado por el Ministro de Guerra. En el texto de la sentencia hay una nota del Ministro de Guerra: "Habiendo examinado detenidamente S. E, el Presidente de la República, me ha ordenado devolverle a usted para que se cumpla en todas sus partes15. Además, en un discurso pronunciado en el Congreso en 1873, García Moreno trató de delincuentes a los insurrectos y no mencionó el "indulto". La versión del indulto fue iniciativa de esos jesuitas que habían sido beneficiados por el fanático García Moreno, descollando entre ellos el jesuita José María L'Goir.
Los apologistas de García Moreno, procedentes de los grandes feudos y del alto clero, lo proclamaron resurrector de la Patria, ensalzando por todos los medios sus méritos en el progreso de la economía, la construcción de carreteras, de edificios administrativos, etc. Pero nada decían de que todo ello era fruto de la despiadada explotación del pueblo y, en primer término, de los indígenas, su sector más desamparado, carente de los derechos humanos elementales, que constituía la mitad de la población del país. En efecto, en 1871 en el Ecuador se construyeron 250 kilómetros de carreteras y 90 puentes9. El decreto de García Moreno testimonia que el progreso logrado por el Ecuador en la construcción de carreteras se lo debe, ante todo, al sudor y la sangre de los indígenas. El gobierno no pagó a los constructores un solo centavo.
Aparte de los trabajos subsidiarios, los indios debían pagar tributos al Estado y a la Iglesia. Muchos impuestos se conservaban desde el período colonial, otros habían sido instituidos por diferentes presidentes, por lo común conservadores, que se sustituían unos a otros en el poder desde que se proclamó la independencia en 1830. Una de las cargas impositivas más duras y odiadas por los indígenas era la contribución decimal, que se recaudaba a favor de la Iglesia. En realidad, no se trataba de una décima parte, sino de mucho más, ya que las "cuentas" las hacían las autoridades con absoluta arbitrariedad, sin tomar en cuenta para nada qué poseía el indio en realidad. Tratándose de la cosecha, se hacían las cuentas antes, y no después de la misma, o sea, cuando los sembrados estaban en las mejores condiciones. Existía, además, el denominado sistema de "concertaje", que, de hecho, convertía a los indígenas en esclavos. Si los indios no podían pagar todos los impuestos ni hacer las prestaciones, dejaban de ser "libres" para convertirse en "conciertos", o sea, pasaban a subordinarse íntegramente a los dueños terratenientes, que los explotaban a su arbitrio.
EL GRAN DAQUILEMA
 Tomado del Libro Ecuador Tierra y Hombre de Valerian Goncharov impreso en los talleres Gráficos del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, siendo Presidente Rafael Díaz Icaza, 1979 DAQUILEMA En diciembre de 1971 la opinión progresista del Ecuador conmemoró el centenario de la insurrección de los indígenas en Chimborazo, guiada por Fernando Daquilema. La Federación Ecuatoriana de Indios, la Federación Provincial de Trabajadores del Guayas, la Federación de Trabajadores Agrícolas del Litoral y otras organizaciones de masas de los trabajadores del país, así como el Partido Comunista y la Juventud Comunista del Ecuador enviaron delegaciones a depositar una ofrenda floral al pie del lugar en que falleció el caudillo de la insurrección. Sería infructuosa la búsqueda de algún dato referente a Daquilema en las enciclopedias y en los trabajos sobre la historia del Ecuador. No encontraremos una sola palabra sobre Fernando Daquilema y la insurrección indígena encabezada por él en las investigaciones salidas de la pluma de los científicos burgueses como, por lo demás, tampoco hallaremos nada sobre acontecimientos de este tipo, que dejaron una huella imborrable en la historia del país. La única excepción es el libro del estudioso ecuatoriano Alfredo Costales Samaniego1, editado con una tirada sumamente restringida, y que no llegó a ser patrimonio de la masa de lectores. Los historiadores marxistas ecuatorianos denunciaron de un modo persuasivo la conjuración de silencio en torno de Fernando Daquilema, así como las tentativas de tergiversar los hechos relacionados con !a insurrección. La Editorial "Claridad" publicó en 1971 una interesante investigación de Oswaldo Albornoz 2, quien cita datos sistematizados acerca de numerosas acciones de los indígenas, a partir del período colonial hasta nuestra época, contra la opresión racial, por los derechos humanos, por la tierra y contra la horrible explotación a que están sometidos. Albornoz proporciona también datos sobre la sublevación de Fernando Daquilema. Con motivo del centenario de la sublevación, el semanario El Pueblo, órgano del CC del Partido Comunista del Ecuador, publicó una serie de artículos referentes a este acontecimiento de significación histórica. También en el periódico Tribuna Popular, órgano oficial del Partido de la Unión Democrática Popular, apareció un artículo dedicado a la memoria de Daquilema. Corría el año de 1871. La sangrienta dictadura de García Moreno cometía desenfrenos, encubierta por la Constitución de 1869, denominada por el pueblo "Constitución negra"3. La Constitución estipulaba que sólo los católicos podían ser ciudadanos del Ecuador. El país vivía ajustándose a los cánones del reglamento monástico. Con anterioridad, el presidente García Moreno había firmado con el Vaticano un Concordato, según el cual la Iglesia obtuvo un poder ilimitado en el Ecuador4. Regresaron los jesuitas, expulsados antes del país. Un torrente de monjes, curas y demás servidores del culto irrumpió en el Ecuador, procedente de Europa. Los centros de enseñanza se subordinaron a la Iglesia. El país se convirtió en un Estado teocrático. El fanatismo religioso de García Moreno no tenía límites: rompió las relaciones con Italia, cuando Roma fue declarada capital del Estado italiano, e hizo una ofrenda de 10.000 pesos al Papa, en concepto de "indemnización"5.